Joseph Campbell (1904 – 1987) es probablemente uno de esos pocos escritores de los que es imposible salir ileso. Para bien o para mal, sus palabras resonarán en el inconsciente y las imagen primales del mito cobrarán forma.

Su especialidad es la mitología comparada. Varios mitos entrelazados entre sí forman la imagen de una mitología. Esta mitología está cimentada en la cultura grupal… o quizás al contrario. Algunos piensan que en el estudio de los mitos está el entendimiento de la sociedad. En algunos casos se llega a decir que la ausencia de algún importante actor, como por ejemplo el shamán, lleva a la sociedad a desestabilizarse.

Uno de los principales libros de Campbell The Hero with a Thousand Faces, presenta la estructura de lo que él llama el mono-mito (monomyth) y que se repite una y otra vez en culturas alrededor del mundo que no tuvieron contacto entre sí. Hablamos de algo que es persistente en la mente humana.

Hace mucho, mucho tiempo, cuando el ser humano era más “primitivo”, la psiqué y la evolución individual y grupal estaban ligadas; se crecía al entender el lugar y el momento en el que uno estaba viviendo, el viaje de crecimiento personal estaba ligado con un viaje físico al exterior de la villa dónde el bosque amenazaba.

Después, a medida que el ser humano evolucionaba y el bosque fue conquistado, los dioses y sus misterios se mudaron a las montañas. En la cima de las montañas, inexpugnables, habitaban los dioses, que no son otra cosa que arquetipos primales personificados y en armonía con cierta frecuencia.

Una vez que las montañas dejaron de ser un misterio, el lugar preferido de los dioses fué el cielo. Ahí podían habitar más allá del alcance del ser humano, sus misterios escondidos en claves sólo accesibles para quienes estuvieran dispuestos a buscar más allá de lo obvio.

Pronto ni siquiera el cielo sería refugio para los dioses. El hombre aprendió a volar, con aviones al menos, y aun más logró ver su propio planeta desde fuera. ¡Qué gran desilusión que los dioses no estuvieran sobre las nubes!. Pero los dioses nunca fueron entes físicos, y no por ello digo que no existan. Campbell propone que en esta era el viaje, la frontera, está en el interior. Cómo siempre ha estado y muestra las situaciones a las que el protagonista se enfrenta en una alegoría para evolucionar y crecer como ser humano

Me he dado cuenta que en mi estancia en Finlandia, ya casi dos años, han sucedido muchísimas cosas; las más significativas, las que me han enseñado más, tienen la misma estructura que Campbell propone si se miran como un conjunto.

El siguiente post es un pequeño breviario de mis aventuras por estas tierras congeladas y como se adaptan a la estructura del mito.