Esta semana en teoría dejo la oficina en la que he pasado los últimos 2 años y medio de mi vida, para tener tiempo de preparar mi viaje con dirección a la chingada… err Finlandia.
Que extraño se siente. Uno pasa más tiempo en la oficina que en la propia casa con la familia, al llegar uno no busca hacer amigos sino trabajar para ganarse la chuleta, o el taco de perro, ¿y que pasa? me encuentro con grandes personas, y con grandes amigos (y amigas… por eso de la igualdad), con quienes he compartido mucho, he crecido con ellos, he aprendido de ellos y he llegado no solo a apreciarlos sino a quererlos (y quererlas… por eso de que no se oiga puñal
).
Es momento de buscar otros caminos y otros horizontes, y aunque la relación seguirá en algunos casos, definitivamente nunca será igual a lo que hemos vivido. Les deseo lo mejor, y espero que nuestros caminos se crucen nuevamente; con algunos estoy seguro de que así será, puesto que hemos generado las herrmientas de coordinación para que así sea. Pero a los demás, quienes vivirán en mi memoria, les deso lo mejor.
Aun quedan unos cuantos días para cotorrear, y así debe de ser. No hay otro momento que el hoy, ni razón para estar triste… “lo único constante en la vida es el cambio” (esa frase no es sacada de Paulo “cliché” Cohelo)